Constantemente estamos decidiendo quienes somos y como queremos que sea nuestra vida. Si no lo haces de manera consciente lo estás haciendo de manera inconsciente. Realmente decidimos qué vida queremos tener en cada una de nuestras elecciones cotidianas.

Nuestra vida está formada por hábitos. Desayunar lo de siempre, trabajar en lo de siempre, hacer o no hacer deporte, educar a nuestros hijos como siempre, quedar con la gente de siempre, vivir la vida como siempre…

Crear conscientemente tu vida significa dejar ese piloto automático y decidir tú el rumbo. Y decidir no es fácil… porque muchas veces no sabemos bien quienes somos o cuáles son nuestras prioridades.

Yo me encuentro en un momento de creación constante de mi profesión. Es lo que pasa cuando eres tu propia jefa, todas las decisiones las tomas tú y a la única persona a la que vas a rendir cuentas es a ti misma. Poder trabajar en tu propia visión de tu vida y de tu profesión es maravilloso pero también algo abrumador.

Y a veces me encuentro perdida, la verdad. ¿Te pasa a ti también?

Cuando eso me pasa recurro a algunas herramientas.

1. Mi propósito de vida

Entre tantas posibilidades de como vivir la vida es importante tomar las decisiones según lo que nos motiva y para lo que estamos hechos.

¿Dónde te sientes en plenitud? ¿Cuándo haces qué? ¿Cuando estás con quien? ¿Qué tareas te hacen fluir?

Un propósito de vida puede tener esta forma:

Soy (algo) que (hace algo).

Mi propósito de vida es “Soy el fuego que ilumina tu alma”. Se que es algo rimbombante… pero me sirve tanto en el terreno profesional como en el personal y me muestra si me estoy desviando de mi camino. Esta decisión, ¿me acerca o me aleja de mi propósito de vida?

2. Mis valores

Si tienes claros cuales son tus valores podrás chequear con ellos para ver si están presentes en tu vida y si no lo están hacer algo para incorporarlos.

Mis valores son aventura, creatividad, autenticidad, profesionalidad, flexibilidad, cercanía.

Alguno de estos valores los tengo más incorporados, otros son más una aspiración y quiero ir acercándome a ellos cada vez más. Son retos personales. Tenerlos presente me recuerdan que quiero vivir una vida donde se manifiesten estos valores.

3. Todo lo creado antes fue imaginado

Ya tienes tu propósito de vida y tus valores claros. Ahora sueña una vida que esté alineada con ellos. Para crear la vida que quieres tienes que poder soñarla. Salir de tus hábitos, de tu vida cotidiana y poder imaginar otra forma de hacer las cosas.

Si no la imaginas, si no la visualizas es difícil que se materialice. Solo el visualizarla ya hace que tu cerebro la empiece a ver como real y a ponerse en marcha para conseguirlo. He imaginado MUCHAS cosas que se han ido cumpliendo. Desde vivir en EE.UU. o Londres hasta dar varias vueltas al mundo. Empieza como una pequeña semilla en tu cerebro, como un sueño lejano y poco a poco te vas acercando. Sin esa semilla inicial nada existe. Así es que te animo a que sueñes y tengas presente ese sueño todos los días para acercarte a él cada día un poco más.

4. Lidiar con los saboteadores

Emprender una vida nueva o incorporar nuevos valores o un propósito de vida suele significar salir de tu zona de confort y siempre que se sale de la zona de confort aparecen voces que te limitan, voces que, en el coaching, llamamos saboteadores.

Estos saboteadores intentan mantenerte segura donde estás y no quieren que salgas a explorar ahí fuera.

Para lidiar con estas voces una de las cosas que me sirven es mirar a mi alrededor y ver como otros han sobrepasado sus saboteadores y han conseguido cosas que a mi me parecen complicadas. Por ejemplo, quiero escribir un libro, y mis saboteadores me dicen que llevo poco de experiencia en el coaching como para escribir un libro. Entonces me fijo en Martin Garrix, un DJ que no me gusta, pero que con solo 19 años ha conseguido tener grandes éxitos y pinchar en grandes eventos. Y me digo, si él hubiera pensado que tenía poca experiencia para conseguir lo que ha conseguido nunca lo habría hecho. Y esto me da fuerzas para seguir adelante.

¿En quién te puedes inspirar para que te de fuerzas? Busca una persona que te pueda servir de guía y en las decisiones difíciles pregúntate ¿qué haría esta persona si estuviera en mi lugar? Coge su fuerza para encontrar la tuya y sobreponerte a las voces que te limitan.

5. Actuar

Los días que mejor me siento conmigo misma son los días en los que actúo. Para conseguir algo nuevo en nuestra vida tenemos que implementar nuevos hábitos y eso no es fácil. Nuestros saboteadores, nuestro piloto automático nos retiene en el sitio en el que nos sentimos más cómodas, el sitio de siempre. Actuar te da la tranquilidad de saber que estás haciendo algo, que lo estás intentando, que no todo son pájaros en la cabeza sino que realmente vas a por ello. Y normalmente si sigues actuando cada día paso a paso te vas viendo más cerca de tu objetivo y eso te mantiene motivada para seguir avanzando un poco más.

Aún así no todo es de color de rosa ni es tan sencillo, por supuesto, y muchas veces me sigo sintiendo perdida y necesito algo de ayuda externa para que me haga más fácil ver cosas que quizás a mi me cuesta ver. No es un camino lineal. Y no hay un destino último e inamovible.

Dejar el piloto automático puede ser abrumador, pero la recompensa, vivir la vida según tus propios términos merece mucho la pena :).