Hacía meses que no iba a un concierto, ayer fui a uno. Llenó mi ser de un modo que había olvidado sentir. Fue a recovecos olvidados, les dio luz, belleza. La vida brillaba un poco más después del concierto.

A veces mis días se llenan de “tener que” hacer esto y lo otro. De una forma mecánica de vivir…

…O de formas en las que la sociedad nos dice que tenemos que vivir…

Recuerdo una compañera de mi curso de coaching que decía, “me encanta bailar pero tengo 35 años, a los 35 ya no se baila”. ¿Por qué dejamos de bailar? ¿Por qué dejamos de alimentar nuestra alma?

¿Qué nos hace vibrar, emocionarnos, sentir? ¿Cómo podemos incluirlo en nuestra vida?

Para mi, la vida es más vida cuando alimento mi alma.