Existe una gran diferencia entre el mundo en el que crecimos y el mundo actual.

Por un lado, crecimos en un entorno poco diverso. Fuimos a una escuela en la que nos trataron a todos igual, nos enseñaron a todos lo mismo y nos obligaban a memorizar la lección, sin pensar, sin poder ser nosotros mismos, sin que nuestra singularidad fuera alabada sino más bien penalizada.

A nuestro entorno tampoco le suele gustar que seamos singulares, más bien le gusta encasillarnos, le gusta ponernos etiquetas para entendernos y si nos salimos de lo establecido normalmente nos castiga con comentarios envidiosos, con la indiferencia, con el desprecio…

Por otro lado estamos viviendo en un mundo donde cada vez hay más diversidad y las posibilidades de ser quien realmente quieras ser son mayores. Ahora podemos ser gays, lesbianas, pansexual, trans, divorciarnos o no tener hijos, todo impensable hasta hace poco (piensa en tus abuelos e incluso ¡tus padres!). Podemos vivir en distintas partes del mundo, podemos cambiar de carrera, podemos trabajar para nosotros mismos desde un espacio de co-working. El mundo está dejando de regirse por la siguiente línea temporal fija y establecida: estudia > trabaja siempre en la misma empresa > busca pareja del sexo opuesto > cásate hasta que la muerte os separe > ten hijos > viaja cuando te jubiles.

El mundo es mucho más diverso y más cambiante ahora. Tener un trabajo para toda la vida es ciencia ficción. El 61% de las parejas en España se divorcia. Más de un 50% de los jóvenes se declaran “no heterosexuales”. En la mayoría de los colegios ya hay niños con dos mamás o dos papás. Los espacios de co-working profileran en todo el mundo como sitios donde pequeños empresarios crean su profesión cada día sin una empresa estable que les pague a final de mes.

Ante este nuevo mundo vemos un desfase entre como me enseñaron de pequeño y el mundo en el que finalmente vivo. Me enseñaron a ser alguien estándar en un mundo que de estándar no tiene nada.

A esto súmale que estamos bombardeados de información constante sobre cualquier tema que nos interese y cualquier duda que podamos tener.

¿Cuál es la consecuencia? Que nos abruman tantas opciones. Nos asaltan constantemente las dudas de si la vida que estoy viviendo es la mejor opción dentro de todas las posibles. ¿Seguro que quiero seguir con mi pareja? Puedo ligar abriendo una aplicación de móvil. ¿Seguro que quiero vivir en mi ciudad actual? Me encantó Roma cuando estuve, quizás podría vivir allí. ¿Me llena lo suficiente mi trabajo actual? Quizás puedo encontrar mi vocación real y cambiar de trabajo.

¿Cómo podemos gestionar todo esto?

Te ofrezco 3 consejos:

1. Hacer un trabajo de autoconocimiento:

Ante tanta decisión, ante tantas opciones de como ser y de como vivir la vida, la única forma de no morir en el intento es conocerse bien. Es saber lo que REALMENTE uno quiere en su vida. Para esto una guía es conocer tus valores, tus talentos y las actividades que te apasionan. Conociendo esto podrás tomar decisiones según quien eres y lo que te hace vibrar.
El autoconocimiento es la mejor arma. Se trata de dejar de mirar fuera y mirar dentro. 

2. Aprovecha cada experiencia en tu vida para aprender sobre ti:

Te pongo un ejemplo personal. Hace unos años hice un voluntariado con mujeres en Perú. El voluntariado consistía en hacer talleres a un grupo de mujeres de una comunidad desfavorecida. Fue la primera vez que hice un taller para mujeres. La experiencia me encantó, me hizo sentir increíble y fue un momento de plenitud total. Esto me enseñó que trabajar con mujeres y hacer talleres era algo que me llenaba. Pero también aprendí que vivir en un pueblo de Perú no era lo mío. No tenía diversidad, las personas eran todas iguales, vestían todas iguales, la comida era toda igual, el pensamiento era poco diverso. Y yo necesito diversidad. Y eso es algo que también noté mientras estuve allí. Talleres con mujeres ¡genial! Vivir en un pueblo con poca diversidad no tan genial. Esa no-diversidad me mataba un poco por dentro. Eso me ayudó a reducir el número de opciones de donde vivir a centrarme en las que motivan también esa parte de mi.

¿Qué puede enseñarte sobre ti cada experiencia que vives? 

3. Aprecia lo que tienes en vez de estar mirando constantemente lo que te falta:

Mirar solo lo que te falta creará insatisfacción constante. Qué es lo que hay en tu vida que sí que va contigo, que te hace sentir bien. ¿Qué te encanta de tu pareja? ¿de tu trabajo? ¿de tu ciudad? Mira tu vida desde un vaso “medio lleno”, no medio vacío y a partir de ahí decide como puedes llenarlo más.

Te propongo un ejercicio. La próxima vez que estés realizando una actividad cualquiera, en lo personal o lo profesional, que te haga sentir bien pregúntate, ¿qué me aporta esto que estoy haciendo? ¿qué me gusta de esta actividad? ¿qué se me da bien?, si es el caso, ¿qué talentos estoy usando? ¿qué valores hay detrás?

Lo mismo para una actividad que te haga sentir mal. ¿Qué me quita esto que estoy haciendo? ¿qué no me gusta de esta actividad? ¿qué no se me da bien?, si es el caso, ¿qué valores estoy pisoteando?

Esto te ayudará a decidir mejor en función de tus valores, talentos y actividades que te apasionan y conseguirás la brújula que te guiará para decidir en este mundo diverso en el que vivimos.