Soy coach certificada por CTI.

Logos de certificación coach CTI e Instituto Mindfulness

A los 10 años cuando me preguntaban qué quería ser de mayor yo contestaba que quería ser abogada de oficio. Quería representar a los más desfavorecidos y que pudieran tener a una abogada comprometida y una mayor justicia. Sin embargo, unos años más adelante cambié de opinión y decidí que quería ser ejecutiva agresiva. Me había invadido el “yo puedo llegar al mismo sitio que cualquier hombre y si ellos son ejecutivos agresivos y ganan mucho dinero yo también puedo hacerlo”. De ahí que estudiara Administración y Dirección de Empresas.

Desde el primer año supe que me había equivocado pero por cabezota y por no “desperdiciar” un año de mi vida acabé la carrera y así, desperdicié muchos más, jaja.

Siempre eché de menos tener una vocación y era algo que me perseguía.

Trabajaba por trabajar pero sin que nada me llenara. Nunca entendí cómo es que a los 17 años tienes que elegir la profesión que se supone será para el resto de tu vida y que no tengas a nadie que te acompañe en un proceso tan importante.

Lo profesional no lo tenía nada claro pero lo personal sí. Si miro atrás considero que he creado mi vida de la forma que he querido, viviendo según lo que me decía mi interior, sin dejarme influenciar por lo que dictaba la sociedad o la familia. Viajando, retándome, soñando con cabeza, tomando consciencia de mi misma, mejorando como persona y creando entornos sanos allá donde iba.

Mi vena aventurera hizo que al acabar la carrera me fuera a Londres unos meses a trabajar y a aprender inglés. Esta experiencia me dio una increíble confianza en mí misma, me encontraba sola en un país nuevo con 20 y pocos años yendo de puerta en puerta buscando trabajo de camarera, viviendo en mi propio piso compartido y siendo totalmente independiente. Más adelante volvería a Londres y me quedaría 3 años y medio.

Londres me dio una gran apertura de mente y conocí los viajes alrededor del mundo. ¡UN GRAN DESCUBRIMIENTO! A un culillo inquieto como yo esto me abrió un mundo de posibilidades. He hecho dos vueltas alrededor del mundo, una principalmente por Asia, y otra de 8 meses donde viví durante periodos de un mes en sitios como Tokio, Sídney o Melbourne, además hice un voluntariado de 3 meses con mujeres en Perú (de lo más enriquecedor que he hecho en mi vida) y descubrí maravillas como el Machu Picchu, las cataratas de Iguazú o la gran barrera de coral australiana entre otras.

Los viajes son una de mis pasiones, pero esa pasión hizo que no le diera la importancia debida a mi parte profesional.

En ese sentido, mi lado social, el de ser algo parecido a una abogada de oficio, se había quedado en el olvido y no sabía quién era o a qué quería dedicarme.

Por casualidad conocí la Responsabilidad Social Corporativa y estuve 3 años trabajando como consultora en una empresa. Este trabajo unía mi parte empresarial con mi parte social. Fue el primer trabajo en el que sentía que aportaba algo y que me llenaba de verdad.

En paralelo, mi propio desarrollo personal me fue llevando a escuchar a las personas desde un sitio más profundo y a ofrecerles apoyo.

Desarrollé más la empatía y conecté con gente a mi alrededor de forma mucho más intensa. Un amigo estaba haciendo un curso de coaching y empecé a conocer algo más ese mundo. Vi grandes paralelismos entre lo que él me contaba y la forma en la que yo vivía mi vida y como me relacionaba con los demás. Hasta que un día acepté que el coaching era para lo que estaba hecha. Y digo “acepté” porque al principio no me creía la eficacia del coaching y hasta me reía un poco del tema por lo de moda que se estaba poniendo de la noche a la mañana. De pronto todo el mundo era coach. ¿Cómo algo de repente era tan notorio e importante? Seguro que era una moda pasajera sin fundamento… Sin embargo cuando bajé la barrera y acepté que quizás quería ser coach me empecé a informar y me llamó muchísimo la atención tanto la técnica como todo lo que se puede conseguir. El caso es que todavía hoy me sorprende su eficacia.

¡Por fin había encontrado mi vocación!

Todo esto pasó en un momento en el que ya había planeado una estancia de 6 meses en Nueva York. Por aquel entonces trabajaba en una empresa digital como gestora de cuentas y podía hacerlo a distancia. Así es que busqué un curso de coaching allí. ¡Fue una pasada! En cada clase sentía que estaba donde tenía que estar y que simplemente estaban poniendo palabras y validando lo que yo siempre había sentido.

Ahora siento que las piezas del puzle encajan.

Considero que a cada paso, en cada decisión creo el tipo de vida que quiero y mi misión es acompañar a mis clientes a que hagan lo mismo, a que creen la vida que quieren tanto personal como profesionalmente. Tenemos, en nosotros mismos, todo lo que necesitamos para vivir una vida plena, una vida en la que nosotros seamos nuestros aliados en vez de nuestros enemigos. Yo lo hago, cada día, y se que todo el mundo puede hacerlo.

La niña de 10 años vuelve a estar feliz, trato con personas y las acompaño a mejorar su calidad de vida y bienestar. No soy abogada, pero creo que prefiero ser coach. 😉

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