Una y otra vez escucho entre mis clientes y entre mis amigos la misma canción: “si pienso en mi y lo que me conviene y me doy prioridad, ¿no estoy siendo egoísta?” Es increíble lo generalizada que está esta idea entre nosotros. Es increíble, triste y peligroso.

Para amar de manera sana tienes que estar bien contigo mismo, de esta manera no necesitas de los demás para sentirte bien y los amas porque si, no desde la necesidad sino desde tu abundancia y libre elección.

Yo lo veo como si fueras una pila o batería. Si te conoces, si te das lo que necesitas, si tienes en tu vida actividades que te hacen disfrutar, si te cuidas… todo esto hará que tu batería esté bien cargada y esto significa que tienes energía para ti y para los demás. Por lo que además de darte todo lo que te das a ti puedes dar a los demas desde un sitio positivo y sano. Puedes estar ahí para ellos, de hecho, te apetecerá estar ahí para ellos.

Como dice Erich Fromm, filósofo y escritor del libro El arte de amar: “el amor sólo comienza a desarrollarse cuando amamos a quienes no necesitamos para nuestros fines personales.” ¡Qué bonito! Si no necesitamos a nadie para nuestros fines personales es que nosotros mismos somos capaces de darnos lo que necesitamos. Es decir, cargamos nuestra batería nosotros mismos.

Para él el arte de amar engloba el cuidado, el respeto, la responsabilidad y el conocimiento. Primero tenemos que cuidarnos, respetarnos, responsabilizarnos y conocernos a nosotros mismos para, a partir de ahí, ser capaces de amar a toda la humanidad. Porque cuando te cuidas aprendes a cuidar a los demás, cuando te respetas, entiendes lo importante que es respetar al de enfrente, cuando te responsabilizas aceptas que cada uno es responsable de si mismo y cuando te conoces, te reconoces en todos sintiendo una unión global y de hermandad.

¿Te suena esto a egoísmo? Yo creo que no… La persona egoísta solo piensa en si misma y es incapaz de amar y de dar.

Así es que deja de poner esta excusa para no tomar las riendas de tu vida y empieza a practicar, de verdad, el arte de amar, contigo mismo primero y después con todos los que te rodean.